Las lágrimas siguen asomando al día siguiente, como si la noticia hubiera quedado suspendida en el momento de su llegada.
Se fue Benedetti.
Para los que nacimos en esa tierra contradictoria que se funda con el exilio de nuestros viejos, la infancia es un sitio invadido de voces lejanas con quienes uno comparte la vida cotidiana, hasta el punto de creer que esos parientes invisibles habitan todos los hogares del mundo.
Me acostumbré, entonces, desde chica, a que mi vieja tomara mate los domingos escuchando al abuelo Zitarrosa, que sonaba melancólico en los vinilos. A almorzar junto al tío Jaime Roos y sus tambores, o a que las cuerdas de Viglietti acompañaran las tardes mientras hacía la tarea.
También a que, colgado en la pared de la cocina, nos saludara cada mañana un tal Mario Benedetti, con dos poemas que mi viejo había pegado sobre un disco de madera -que habría sido la tapa de algún tacho- y que prolijamente había forrado con un contact para regalarle a mi mamá las palabras del poeta.
Un poco más grande, tendría once o doce años , descubrí que el abuelo Mario también dormía en la biblioteca. Medio escondido, en un libro destartalado de hojas gastadas, con algunos boletos o servilletas que marcaban sus páginas, estaba Inventario, lleno de poemas y canciones que me hicieron notar que la poesía brotaba de las palabras que usamos todos los días.
Aún hoy, cuando mis viejos están distraídos, vuelvo a robarles ese libro (más destartalado aún, pero con ese perfume inconfundible y tentador del papel añejo) hasta que mi vieja, que a pesar de su miopía tiene ojos de lince para detectar esos hurtos, reclama su devolución.
En cada mudanza, además de mis viejos y mi hermana, se trasladaba toda esa parentela: Tía Nacha, que me cantaba la canción de los patitos. Tío Galeano, que contaba historias cortitas que yo podía aprender de memoria. El primo Rada, tal vez responsable de la fascinación que sentimos con mi hermana por la percusión (y por los percusionistas). El bisabuelo Figari, que pintaba el color del candombe en sus lienzos. Y varios más, que no cargaban cajas ni canastos en ninguna de las tantas mudanzas, pero que una vez rearmado el hogar en el nuevo departamento volvían a estar ahí, en la biblioteca, los parlantes, y las paredes.
Algunos de ellos, a veces, venían a visitarnos juntos: Nacha y el Nano traían en sus voces las palabras de Mario, el negro Rada cantaba los mundos de Figari. Y a veces hacíamos callar tanto barullo, para poder compartir la sobremesa con el abuelo Tato, que era argentino pero se llevaba fenómeno con la monada charrúa.
De todos ellos, el abuelo Mario fue, quizás, el que me invitó con más insistencia a escribir.
"Mirá" me decía "es cuestión de escuchar las voces que están alrededor"
Al principio yo no escuchaba nada, y entonces no escribía nada.
Fueron muchos años de pasear por las páginas de sus novelas, cuentos y poemas. Y de ir visitando a sus amigos, que dormían también en la biblioteca de mis viejos. Y luego fueron otras bibliotecas. Y yo estaba atenta a escuchar, pero no oía nada.
Pasaron años, hasta que un día, caminando por el paisito entre mates y ensayos murgueros, sucedió: empecé a sentir las voces, y a descubrir sus historias, y no pude evitar escribirlas. Quizás tenía que ser allí, del otro lado del charco, del otro lado del exilio, en aquel lugar de donde provenían los sonidos y colores que poblaron mi infancia, en donde pudiera encontrar esas historias que pedían entre susurros ser contadas en papel.
Tal vez porque a pesar de las penas de aquel desarraigo, que provocó que naciera en esta orilla, tuve la fortuna de que las palabras del paisito, y las palabras del destierro fueran casi las mismas, palabras que se entendían, que podían jugar juntas, extrañarse y hasta pelearse.
Palabras que vinieron de aquellas hojas gastadas, y que hoy me siguen invitando a escribir.
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orilla
guarida de voces
que bebo,
on the rocks,
mientras danza
la noche
pueblo de silencios
que abrigan
dónde el océano
susurra
tambores apuntan,
abren fuego,
estallan máscaras
disuelven redes
una orilla
eterna
me aguarda
que bebo,
on the rocks,
mientras danza
la noche
pueblo de silencios
que abrigan
dónde el océano
susurra
tambores apuntan,
abren fuego,
estallan máscaras
disuelven redes
una orilla
eterna
me aguarda
La Muñeca cruza el charco
Bajaron del barco con los rostros tan cansados como expectantes. Mas ansiosos de fumarse un pucho que de observar la ciudad que los recibía, se fueron amontonando en la salida del puerto, como juntando envión para arrancar.
Los colores de los trajes asomaban por debajo de las fundas, derramando un poco de carnaval sobre el gris asfalto del estacionamiento.
Algunos apuraban el amanecer de las gargantas entonando parte del repertorio.
Abrazos, sonrisas, preguntas. Ya estaban acá. Había llegado el día de actuar por primera vez fuera del paisito. “Nuestra primera presentación internacional” bromeó uno dándose coraje.
Como al azar, a repartir murguistas, trajes y mochilas en los autos que llegaron a recibirlos. Hacia el teatro. El trayecto no se parece en nada a una postal, y quienes viajan al lado mío tienen los ojos imantados a la ventana, como hipnotizados por las autopistas y los enormes depósitos del puerto.
Llegamos al Galpón de Catalinas. La “plaza techada” como gustan llamar a este teatro los vecinos de la Boca que lo construyeron, luego de años de presentaciones al aire libre.
Asado, cervezas, más abrazos. Infaltable la competencia entre los asados uruguayos y los nuestros. Con carbón en lugar de leña, los locales nos resignamos a perder por goleada.
Los minutos previos a la primera tanda de choripanes, los dedican a sacarse fotos y observar el colorido bajorrelieve que cubre el frente del teatro.
De un modo que no comprendo, pero disfruto infinitamente, rodeada de todos ellos siento como si hubiera sido yo quien cruzó el río.
Los veo entrar y salir del teatro repetidas veces, saboreando con anticipación la sala. Los veo planificar paseos a más sitios de los que podrán conocer en las pocas horas que pasarán acá: “¿Dónde queda Caminito?” “ ¿A cuánto estamos de San Telmo?” “¿Es muy lejos la cancha de Boca?”
Los veo como niños que salen de viaje por primera vez, mirando todo con curiosidad y asombro, mientras devoran el asado como si fuera el último, y se van acomodando a este lugar tan parecido como diferente.
Las chicas que acompañan, organizan decididas su excursión a Palermo mientras intentan, con tenacidad pero sin resultado, coordinar con dos de los muchachos el encuentro en uno de los hoteles antes del retorno al teatro.
Algo de la ebullición de la llegada se va diluyendo cuando surgen las primeras cuestiones a resolver. La iluminadora se encamina a investigar las luces del teatro. Algunos se ocupan de cómo preparar el escenario.
Mientras, Federico, el director, oculta su enorme cansancio para responder con entusiasmo a una entrevista de radio. Como buen oriental, a pesar de su agotamiento, no mezquina ni una sonrisa, ni una conversación fluida y amena.
El Pistola comienza con paciencia a arriar a su manada, disimulando en su queja por el desorden la pasión que siente por ocupar ese lugar de referencia.
Momento de distribuirse para instalarse en los hoteles que les asignaron. No dejo de asombrarme del tiempo y el esfuerzo que les lleva resolver algo tan simple, están tan desorientados como si tuvieran que armar un tetris con piezas redondas.
Hay algo de la organización de la Muñeca que siempre será un misterio: me pregunto qué hechizo les permite montar con precisión suiza esa trama tan compleja de voces, colores y movimientos, siendo que repartir 20 personas en 3 hoteles puede convertirse en una tarea titánica.
Al revés de cómo estaba planeado, finalmente los pequeños contingentes parten, no sin que se les recuerde una docena de veces que a las seis y media los esperan para la prueba de sonido.
--------
Cae la tarde. Hora de maquillarse.
Las primeras estrellas avisan que falta poco para salir a escena, y en la entrada del teatro se respira adrenalina.
Los rostros cansados van desapareciendo tras los dibujos en blanco y negro que realizan las maquilladoras. Las voces se acercan a ensayar, y quienes estamos por ahí dando vueltas no podemos evitar la tentación de arrimarnos a escuchar.
De a poco, la metamorfosis de los integrantes se va completando, y ya casi no reconozco a algunos. Va llegando gente al teatro, y en la puerta una mesa con abundante comida y bebida empieza a recibir al público.
Minutos antes de dar sala, los murguistas finalizan su ensayo. Reconozco en sus bromas la misma inquietud previa al primer tablado en Tres Cruces, y a la presentación en el teatro de verano. Me alegro en silencio al verlos así, sabiendo que, con ese empuje, la función puede ser la primera de muchas más, en esta ciudad que puede volverse monstruosa si no se avanza sobre ella con valentía.
La gente entra de a poco al galpón. Algunos rezagados compran empanadas y gaseosas a último momento, y las llevan para comer en la sala. El Galpón de Catalinas tiene esa magia que permite sentirse a mitad de camino entre el teatro San Martín y un asado con amigos.
Las luces se apagan. Siento en el aire un infiltrado aroma a febrero. El sonido de la batería se asoma desde el pasillo, y detrás llega la murga cantando con osadía y bailando con entusiasmo.
Los murguistas nos vas introduciendo despacio en un territorio encantado desde el que miran a su pueblo con tanta dureza como cariño. El Toro hace lucir a sus personajes, acentuando los tonos y alargando las pausas. Cerca de mí, en el extremo izquierdo, Gonzalo ofrenda su baile como entregado a un ritual sagrado mientras intercambia con Ruben fugaces miradas teñidas de una envidiable complicidad infantil.
Desde un rincón semioculto que ha seleccionado luego de muchos cálculos para una visión panorámica, el Lechu observa todo con minuciosidad, sosteniendo con su mirada el andamiaje de la presentación de sus compañeros.
A Fede se le escapa una inmensa y franca sonrisa, mientras distribuye sus miles de oídos aquí y allí para repartir pequeños gestos entre todos los integrantes con una velocidad y sutileza de prestidigitador.
El Cachorro, como un duende travieso, juega agazapado a extraer deliciosos sonidos de sus platillos . En las miradas de todos hay destellos de felicidad y orgullo.
Tienen motivos de sobra.
La función sale redonda: la gente se ríe, se emociona, aplaude.
La Muñeca invita, en pleno invierno, a jugar el juego del carnaval, y el público se enciende.
Las canciones son puentes entre los murguistas y quienes los escuchan, puentes entre Montevideo y Buenos Aires.
Al ritmo del bombo y el redoblante, un puente que une mis dos orillas está allí, aunque nadie lo vea.
El espectáculo 2008 termina, pero todos sabemos que nadie quiere irse. Así que los murguistas nos regalan, y se regalan, unas cuantas canciones de yapa, para salir finalmente a invadir la calle de música.
La fiesta termina en aplausos y abrazos.
Y esta ciudad, que había olvidado el carnaval hace tiempo, queda perfumada por una noche de buenos aires montevideanos.
(Buenos Aires, septiembre 2008)
Los colores de los trajes asomaban por debajo de las fundas, derramando un poco de carnaval sobre el gris asfalto del estacionamiento.
Algunos apuraban el amanecer de las gargantas entonando parte del repertorio.
Abrazos, sonrisas, preguntas. Ya estaban acá. Había llegado el día de actuar por primera vez fuera del paisito. “Nuestra primera presentación internacional” bromeó uno dándose coraje.
Como al azar, a repartir murguistas, trajes y mochilas en los autos que llegaron a recibirlos. Hacia el teatro. El trayecto no se parece en nada a una postal, y quienes viajan al lado mío tienen los ojos imantados a la ventana, como hipnotizados por las autopistas y los enormes depósitos del puerto.
Llegamos al Galpón de Catalinas. La “plaza techada” como gustan llamar a este teatro los vecinos de la Boca que lo construyeron, luego de años de presentaciones al aire libre.
Asado, cervezas, más abrazos. Infaltable la competencia entre los asados uruguayos y los nuestros. Con carbón en lugar de leña, los locales nos resignamos a perder por goleada.
Los minutos previos a la primera tanda de choripanes, los dedican a sacarse fotos y observar el colorido bajorrelieve que cubre el frente del teatro.
De un modo que no comprendo, pero disfruto infinitamente, rodeada de todos ellos siento como si hubiera sido yo quien cruzó el río.
Los veo entrar y salir del teatro repetidas veces, saboreando con anticipación la sala. Los veo planificar paseos a más sitios de los que podrán conocer en las pocas horas que pasarán acá: “¿Dónde queda Caminito?” “ ¿A cuánto estamos de San Telmo?” “¿Es muy lejos la cancha de Boca?”
Los veo como niños que salen de viaje por primera vez, mirando todo con curiosidad y asombro, mientras devoran el asado como si fuera el último, y se van acomodando a este lugar tan parecido como diferente.
Las chicas que acompañan, organizan decididas su excursión a Palermo mientras intentan, con tenacidad pero sin resultado, coordinar con dos de los muchachos el encuentro en uno de los hoteles antes del retorno al teatro.
Algo de la ebullición de la llegada se va diluyendo cuando surgen las primeras cuestiones a resolver. La iluminadora se encamina a investigar las luces del teatro. Algunos se ocupan de cómo preparar el escenario.
Mientras, Federico, el director, oculta su enorme cansancio para responder con entusiasmo a una entrevista de radio. Como buen oriental, a pesar de su agotamiento, no mezquina ni una sonrisa, ni una conversación fluida y amena.
El Pistola comienza con paciencia a arriar a su manada, disimulando en su queja por el desorden la pasión que siente por ocupar ese lugar de referencia.
Momento de distribuirse para instalarse en los hoteles que les asignaron. No dejo de asombrarme del tiempo y el esfuerzo que les lleva resolver algo tan simple, están tan desorientados como si tuvieran que armar un tetris con piezas redondas.
Hay algo de la organización de la Muñeca que siempre será un misterio: me pregunto qué hechizo les permite montar con precisión suiza esa trama tan compleja de voces, colores y movimientos, siendo que repartir 20 personas en 3 hoteles puede convertirse en una tarea titánica.
Al revés de cómo estaba planeado, finalmente los pequeños contingentes parten, no sin que se les recuerde una docena de veces que a las seis y media los esperan para la prueba de sonido.
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Cae la tarde. Hora de maquillarse.
Las primeras estrellas avisan que falta poco para salir a escena, y en la entrada del teatro se respira adrenalina.
Los rostros cansados van desapareciendo tras los dibujos en blanco y negro que realizan las maquilladoras. Las voces se acercan a ensayar, y quienes estamos por ahí dando vueltas no podemos evitar la tentación de arrimarnos a escuchar.
De a poco, la metamorfosis de los integrantes se va completando, y ya casi no reconozco a algunos. Va llegando gente al teatro, y en la puerta una mesa con abundante comida y bebida empieza a recibir al público.
Minutos antes de dar sala, los murguistas finalizan su ensayo. Reconozco en sus bromas la misma inquietud previa al primer tablado en Tres Cruces, y a la presentación en el teatro de verano. Me alegro en silencio al verlos así, sabiendo que, con ese empuje, la función puede ser la primera de muchas más, en esta ciudad que puede volverse monstruosa si no se avanza sobre ella con valentía.
La gente entra de a poco al galpón. Algunos rezagados compran empanadas y gaseosas a último momento, y las llevan para comer en la sala. El Galpón de Catalinas tiene esa magia que permite sentirse a mitad de camino entre el teatro San Martín y un asado con amigos.
Las luces se apagan. Siento en el aire un infiltrado aroma a febrero. El sonido de la batería se asoma desde el pasillo, y detrás llega la murga cantando con osadía y bailando con entusiasmo.
Los murguistas nos vas introduciendo despacio en un territorio encantado desde el que miran a su pueblo con tanta dureza como cariño. El Toro hace lucir a sus personajes, acentuando los tonos y alargando las pausas. Cerca de mí, en el extremo izquierdo, Gonzalo ofrenda su baile como entregado a un ritual sagrado mientras intercambia con Ruben fugaces miradas teñidas de una envidiable complicidad infantil.
Desde un rincón semioculto que ha seleccionado luego de muchos cálculos para una visión panorámica, el Lechu observa todo con minuciosidad, sosteniendo con su mirada el andamiaje de la presentación de sus compañeros.
A Fede se le escapa una inmensa y franca sonrisa, mientras distribuye sus miles de oídos aquí y allí para repartir pequeños gestos entre todos los integrantes con una velocidad y sutileza de prestidigitador.
El Cachorro, como un duende travieso, juega agazapado a extraer deliciosos sonidos de sus platillos . En las miradas de todos hay destellos de felicidad y orgullo.
Tienen motivos de sobra.
La función sale redonda: la gente se ríe, se emociona, aplaude.
La Muñeca invita, en pleno invierno, a jugar el juego del carnaval, y el público se enciende.
Las canciones son puentes entre los murguistas y quienes los escuchan, puentes entre Montevideo y Buenos Aires.
Al ritmo del bombo y el redoblante, un puente que une mis dos orillas está allí, aunque nadie lo vea.
El espectáculo 2008 termina, pero todos sabemos que nadie quiere irse. Así que los murguistas nos regalan, y se regalan, unas cuantas canciones de yapa, para salir finalmente a invadir la calle de música.
La fiesta termina en aplausos y abrazos.
Y esta ciudad, que había olvidado el carnaval hace tiempo, queda perfumada por una noche de buenos aires montevideanos.
(Buenos Aires, septiembre 2008)
crónicas del paisito
Cosas del carnaval
“Ensayo de murga y otras yerbas”
Amiga... ¿Cómo estás?
Yo bien, como verás, algo alejada de este aparatito.
Acá en el paisito, como siempre, el tiempo se trasforma en una gran nada, mezcla de lecturas, largas charlas, caminatas playeras, cálidas comidas, música y mate.
Todo en un perfecto desorden de alternancia, que se repite una y otra vez.
Entro en un estado maravilloso que se me presenta a los sentidos (o a la conciencia, o al ser, o a lo que sea) como eterno, como si la vida fuera esto, aquí, antes y siempre...
Entre las nuevas experiencias, que me sacan de esa mezcla entre lo zen y lo charrúa (todo oriental al fin y al cabo) anoche asistí por primera vez a un ensayo de murga. Me hubiera encantado que estuvieras ahí…
Fue una celebración ver las pasadas de los mismos temas, una y otra vez, para pulir unas voces, agregar un chiste, coordinar los tiempos con la percusión, ajustar los movimientos, etc.
Y en el intervalo, entrelazados con las hamburguesas, choris y las infaltables cervezas heladas, los comentarios de los murguistas, contando cómo se sintieron.
La letrista, cosiendo y cortando ideas, el escenográfo mostrándonos orgulloso la maqueta, el Rayo (mi primo ¿te acordás?) y yo aportando tímidamente nuestra impresión (siempre más tímidamente yo que el Rayo).
El director, atento a detalles imperceptibles para mortales como nosotros. Segunda pasada, con letras agregadas en el intervalo, nuevas ideas, y un poco más de público del barrio, que se acerca cada noche a acompañar la creación.
Y los murguistas, alimentados de esas miradas, pasada la media noche cantan como si fuera la primera o la última función, a pesar de que hace meses que cada tarde se juntan en ese club a ensayar, y que sus trajes y maquillaje aun no están listos... Fin del ensayo. Aplausos.
Ya casi tengo la camiseta de La Gran Muñeca. Vos también serías hincha fanática si hubieras estado ahí. Relajarse, más cerveza, fumar un poco. "¿Pinta un voley?". Se nota que Momo, rey del carnaval, los bendijo con el don de la energía infinita. El voley se demora, se pican los choris que quedaron. "¿Así que sos de Buenos Aires?", "¿Hasta cuándo te quedas?" Los murguistas despliegan otros colores, aceptan los aplausos, cuentan sus proezas carnavalezcas. Se lucen con sus mejores chistes frente a las poquitas colombinas que nos quedamos, una vez finalizado el ensayo, en ese universo masculino. A las 2, se arma el voley. El cielo amenaza seriamente con aguar la noche, y hay un largo viaje hasta Lagomar. Así que nos despedimos de la murga.
Por supuesto, con la promesa de volver…
“Desfilando con la muñeca”
Amiga…
Aquí estoy otra vez, con buenas nuevas.
Anoche fue el desfile inaugural del carnaval.Es un evento increíble, que invade el centro de Montevideo, desde la plaza Independencia hasta unas cuadras pasando la Intendencia.
La avenida 18 de Julio se llena de sillas a los costados, y absolutamente todas las agrupaciones que participan del carnaval desfilan esas 15 cuadras.Salen las cuerdas de tambores, sonando con toda la fuerza y moviendo sus coloridas banderas.
Salen los parodistas cantando y bailando.Salen las carrozas con sus vedettes y sus brillos.Y salen las murgas.Nosotros salimos también, acompañando a La Gran Muñeca.
Hacía diez años que esta murga no salía, y había mucha expectativa.Nos encontramos con ellos en la puerta del Solís.
Ya estaban calentando la garganta cantando, y tomando unos vinos (con pajita, “pa´ no sacarse la pintura”).Los trajes coloridos y el maquillaje, nos dificultaron reconocer a los murguistas."¿Dónde está el Toro?". "Acá", respondió delante de nuestras narices.El dueño de la murga, hijo y nieto de integrantes de la antigua Gran Muñeca, estaba visiblemente emocionado. De tanto abrazar y besar a "sus" murguistas, tenía toda la cara llena de brillo. "Si no los beso ahora..." se disculpaba.Sacaron muchas fotos.El fondo del teatro les daba el marco ideal, con sus trajes de colores.Se los notaba orgullosos."Mirá" me dijo uno "nosotros hicimos zapatos", mostrando sus enormes botas naranjas y azules, que nada tenían que envidiarle al vestuario de Star Wars. "Ninguna murga hace zapatos, fijate fijate" me señalaba mientras pasaban otras agrupaciones.Por supuesto, me saqué una foto con un murguista. El con su traje, yo con su gorro, que me quedaba enorme."Mirame" me decía "como si estuviéramos enamorados".Y claro, yo lo miraba... y soltaba la carcajada.El con su cara teñida de blanco y negro, yo no podía contener la risa."Vo, dale, en serio... ¿de que te reís?"No sabía cómo explicarle, pero la fotógrafa tuvo paciencia y las fotos salieron lindas.Nada románticas, como esperaba nuestro pierrot, pero muy lindas.
Se que vas a reprocharme que no te esté adjuntando alguna, y me recordarás que ofreciste tantísimas veces prestarme tu cámara. Sabés como soy. Igual después te consigo alguna. Prometido.Volviendo al desfile. Pasada la medianoche, nos pusimos en la cola de salida.Nos dieron las acreditaciones que nos permitían entrar, cada una con la especificación de su rol: "director", "asistente", etc.Las nuestras decían "propaganda", que es la acreditación que se les da a quienes ingresan como sponsor. Como “La gran muñeca” no tiene ningún sponsor, entonces nosotros no hacíamos propaganda de nada.El policía que nos dejó pasar nos miró con desconfianza, pero pasamos...¡Qué adrenalina, cuando arrancás, con la avenida toda iluminada por delante!Salió la bandera de la murga, atrás los murguistas danzando y saltando, al ritmo de su batería. Y nosotros detrás, acompañando con aplausos, un poco de baile y un poco de canto de las letras que ya nos habíamos aprendido.
Los niños, como locos, seguían de cerca a los integrantes de la murga, tirándoles papelitos. Pasaban las cuadras y cada vez más chiquilines, jugando con ellos.Una fiesta. De pronto, uno de los murguista saca a bailar a alguna señorita del público que se anima pudorosa.La gente les da la mano, les pide para sacarse fotos.Y los murguistas disfrutan ese momento de gloria, que es además, el tobogán sin retorno a las próximas noches: los espera más de un mes pasando las noches de tablado en tablado.Y así transcurre más de una hora de desfile.Llegamos al final cansados, y contentos.La batería cierra su extensísimo solo de percusión, y todos aplaudimos.Los murguistas parten hacia el micro, y nosotros de vuelta a plaza Independencia a buscar el auto, y sumarnos al festejo en el club de ensayo.Cuando llegamos al club, el director de la murga andaba protestando…
...el micro había partido sin él, se lo habían olvidado en 18 de Julio y Minas, y se tuvo que ir solo, en un taxi, disfrazado, maquillado y sin un peso.
Cosas del carnaval.
“Ensayo de murga y otras yerbas”
Amiga... ¿Cómo estás?
Yo bien, como verás, algo alejada de este aparatito.
Acá en el paisito, como siempre, el tiempo se trasforma en una gran nada, mezcla de lecturas, largas charlas, caminatas playeras, cálidas comidas, música y mate.
Todo en un perfecto desorden de alternancia, que se repite una y otra vez.
Entro en un estado maravilloso que se me presenta a los sentidos (o a la conciencia, o al ser, o a lo que sea) como eterno, como si la vida fuera esto, aquí, antes y siempre...
Entre las nuevas experiencias, que me sacan de esa mezcla entre lo zen y lo charrúa (todo oriental al fin y al cabo) anoche asistí por primera vez a un ensayo de murga. Me hubiera encantado que estuvieras ahí…
Fue una celebración ver las pasadas de los mismos temas, una y otra vez, para pulir unas voces, agregar un chiste, coordinar los tiempos con la percusión, ajustar los movimientos, etc.
Y en el intervalo, entrelazados con las hamburguesas, choris y las infaltables cervezas heladas, los comentarios de los murguistas, contando cómo se sintieron.
La letrista, cosiendo y cortando ideas, el escenográfo mostrándonos orgulloso la maqueta, el Rayo (mi primo ¿te acordás?) y yo aportando tímidamente nuestra impresión (siempre más tímidamente yo que el Rayo).
El director, atento a detalles imperceptibles para mortales como nosotros. Segunda pasada, con letras agregadas en el intervalo, nuevas ideas, y un poco más de público del barrio, que se acerca cada noche a acompañar la creación.
Y los murguistas, alimentados de esas miradas, pasada la media noche cantan como si fuera la primera o la última función, a pesar de que hace meses que cada tarde se juntan en ese club a ensayar, y que sus trajes y maquillaje aun no están listos... Fin del ensayo. Aplausos.
Ya casi tengo la camiseta de La Gran Muñeca. Vos también serías hincha fanática si hubieras estado ahí. Relajarse, más cerveza, fumar un poco. "¿Pinta un voley?". Se nota que Momo, rey del carnaval, los bendijo con el don de la energía infinita. El voley se demora, se pican los choris que quedaron. "¿Así que sos de Buenos Aires?", "¿Hasta cuándo te quedas?" Los murguistas despliegan otros colores, aceptan los aplausos, cuentan sus proezas carnavalezcas. Se lucen con sus mejores chistes frente a las poquitas colombinas que nos quedamos, una vez finalizado el ensayo, en ese universo masculino. A las 2, se arma el voley. El cielo amenaza seriamente con aguar la noche, y hay un largo viaje hasta Lagomar. Así que nos despedimos de la murga.
Por supuesto, con la promesa de volver…
“Desfilando con la muñeca”
Amiga…
Aquí estoy otra vez, con buenas nuevas.
Anoche fue el desfile inaugural del carnaval.Es un evento increíble, que invade el centro de Montevideo, desde la plaza Independencia hasta unas cuadras pasando la Intendencia.
La avenida 18 de Julio se llena de sillas a los costados, y absolutamente todas las agrupaciones que participan del carnaval desfilan esas 15 cuadras.Salen las cuerdas de tambores, sonando con toda la fuerza y moviendo sus coloridas banderas.
Salen los parodistas cantando y bailando.Salen las carrozas con sus vedettes y sus brillos.Y salen las murgas.Nosotros salimos también, acompañando a La Gran Muñeca.
Hacía diez años que esta murga no salía, y había mucha expectativa.Nos encontramos con ellos en la puerta del Solís.
Ya estaban calentando la garganta cantando, y tomando unos vinos (con pajita, “pa´ no sacarse la pintura”).Los trajes coloridos y el maquillaje, nos dificultaron reconocer a los murguistas."¿Dónde está el Toro?". "Acá", respondió delante de nuestras narices.El dueño de la murga, hijo y nieto de integrantes de la antigua Gran Muñeca, estaba visiblemente emocionado. De tanto abrazar y besar a "sus" murguistas, tenía toda la cara llena de brillo. "Si no los beso ahora..." se disculpaba.Sacaron muchas fotos.El fondo del teatro les daba el marco ideal, con sus trajes de colores.Se los notaba orgullosos."Mirá" me dijo uno "nosotros hicimos zapatos", mostrando sus enormes botas naranjas y azules, que nada tenían que envidiarle al vestuario de Star Wars. "Ninguna murga hace zapatos, fijate fijate" me señalaba mientras pasaban otras agrupaciones.Por supuesto, me saqué una foto con un murguista. El con su traje, yo con su gorro, que me quedaba enorme."Mirame" me decía "como si estuviéramos enamorados".Y claro, yo lo miraba... y soltaba la carcajada.El con su cara teñida de blanco y negro, yo no podía contener la risa."Vo, dale, en serio... ¿de que te reís?"No sabía cómo explicarle, pero la fotógrafa tuvo paciencia y las fotos salieron lindas.Nada románticas, como esperaba nuestro pierrot, pero muy lindas.
Se que vas a reprocharme que no te esté adjuntando alguna, y me recordarás que ofreciste tantísimas veces prestarme tu cámara. Sabés como soy. Igual después te consigo alguna. Prometido.Volviendo al desfile. Pasada la medianoche, nos pusimos en la cola de salida.Nos dieron las acreditaciones que nos permitían entrar, cada una con la especificación de su rol: "director", "asistente", etc.Las nuestras decían "propaganda", que es la acreditación que se les da a quienes ingresan como sponsor. Como “La gran muñeca” no tiene ningún sponsor, entonces nosotros no hacíamos propaganda de nada.El policía que nos dejó pasar nos miró con desconfianza, pero pasamos...¡Qué adrenalina, cuando arrancás, con la avenida toda iluminada por delante!Salió la bandera de la murga, atrás los murguistas danzando y saltando, al ritmo de su batería. Y nosotros detrás, acompañando con aplausos, un poco de baile y un poco de canto de las letras que ya nos habíamos aprendido.
Los niños, como locos, seguían de cerca a los integrantes de la murga, tirándoles papelitos. Pasaban las cuadras y cada vez más chiquilines, jugando con ellos.Una fiesta. De pronto, uno de los murguista saca a bailar a alguna señorita del público que se anima pudorosa.La gente les da la mano, les pide para sacarse fotos.Y los murguistas disfrutan ese momento de gloria, que es además, el tobogán sin retorno a las próximas noches: los espera más de un mes pasando las noches de tablado en tablado.Y así transcurre más de una hora de desfile.Llegamos al final cansados, y contentos.La batería cierra su extensísimo solo de percusión, y todos aplaudimos.Los murguistas parten hacia el micro, y nosotros de vuelta a plaza Independencia a buscar el auto, y sumarnos al festejo en el club de ensayo.Cuando llegamos al club, el director de la murga andaba protestando…
...el micro había partido sin él, se lo habían olvidado en 18 de Julio y Minas, y se tuvo que ir solo, en un taxi, disfrazado, maquillado y sin un peso.
Cosas del carnaval.
crónicas del paisito
2- "empanadas y calamaro"
hoy amaneció nublado.
buen día para hacer empanadas, acompañados por la música de andrés
fuimos temprano a tienda inglesa a comprar todo. hacer empanadas con el rayo quiere decir que yo cocino el relleno mientras él musicaliza, habla por teléfono, chatea un poco. cuando todo está listo, viene y agrega un poco de curry. entonces, alguien se acerca a chusmear que huele tan bien, y el rayo dice “es el curry”
luego, yo armo un par de docenas y él se arrima a armar la tercera con mi ayuda. es el mejor momento, porque ya una primer tanda en el horno perfuma el ambiente y bailamos al son de café tacuba y los cadillacs (si, se puede bailar mientras se cocina, cómo que no?)
en breve, cuando almorcemos, compartiremos los aplausos, así es el rayo... se hace querer
estamos en el fondo, en su casa
desde acá veo la copa del tilo, y el cielo
el tafa merodea inquieto, hace rato que nadie le da bolilla.
el tafa. blanco, mancha marrón en la cabeza, y en la cola. marca perro
simpático como pocos, buenazo...
salvo que le saquen fotos, nada parece molestarlesiempre está dispuesto a jugar, y si estoy leyendo se sienta al lado mío, mirando el libro como si leyera
anoche fuimos al ensayo de la catalina
diferente a la gran muñeca, ellos ya tienen sus seguidores, y el auditorio improvisado en el club estaba lleno
los murguistas demoraron la salida, estaban nerviosos
los aguardaban, además del público, las cámaras de un canal de montevideo, y la consola que grabaría su presentación y su retirada para el disco 2008
se dejaban saludar por algún fan, abrazaban a la familia que vino a acompañar, se sacaban fotos con los amigos
todo sin perder de vista la cámara de vtv, que registraba cada momento
"arrancamos con la presentación, pa´ calentar" dijo un murguista luego de un largo trago de grapamiel, y todos aplaudieron...
(continuará después del almuerzo)
3- "después de las empanadas"
ahora hay sol
las empanadas salieron estupendas, y duraron muchísimo menos que el tiempo que nos llevo prepararlas
el hecho de haberlas preparado mientras bailábamos nos hizo la ilusión de que al comerlas, todos se pondrían a bailar. pero no
tal vez nos faltó poner música durante el almuerzo, quien sabe...
o definitivamente, la danza no puede mezclarse con cebolla y carne picada
vuelvo al ensayo de la catalina
es fácil encontrar un ensayo de murga en montevideo
así como en febrero se encuentran los tambores persiguiendo su sonido por las calles, en enero, los ensayos de murga se encuentran infaliblemente siguiendo el aroma de los choris o las hamburguesas
si uno tiene buen olfato, llega a destino
luego de la primera pasada "pa´calentar" se encendieron las luces del club, y se preparó el camarógrafo
un murguista pidió que aplaudiéramos y gritáramos a mas no poder, pues ellos amaban la espontaneidad
pasaron otra vez la presentación y retirada
sonó notablemente mejor, y bailaron con mucho entusiasmo
algo le pasaba al cameraman, que en lugar de usar un zoom les acercaba tanto la cámara a los murguistas, que debían empañarla con sus bocas entonando
preciosas las dos canciones, la gente aplaude generosamente, y los murguistas agradecen a su público y a los técnicos de vtv, que se retiran, dejando mucho más distendido el ambiente
es asombroso como, con maquillaje y trajes, los murguistas se ven notablemente mayores, en ambos ensayos me sorprendí de la juventud de los integrantes, y me di cuenta de que tal vez nunca había visto un murguista sin maquillaje... o si lo vi, claro, no me di cuenta de que era un murguista
la canción de jaime roos, colombina, vuelve a hacerse presente
es tan claro estando allí, que las muchachas miran diferente a ese flaquito de lentes, que a ese murguista flaquito de lentes cantando
o que el gordito de buzo gastado, se vuelve un galán cuando da los primeros saltos
y el moreno que pasaba desapercibido, toma un brillo inesperado cuando hace los rulos de tambor
el ensayo prosigue, y presentan su couplet, la gente estalla en carcajadas
algunos fanáticos ya se saben las letras y acompañan
el director arenga a los integrantes como si estuvieran en el concurso, y los murguistas cantan como en el teatro de verano.
así, una y otra vez, cada vez mejor, cada vez mas grapamiel, y más chistes fuera de guión, "ese metelo que está bueno"...y nos vamos aprendiendo todos las letras, y ya estoy pensando que podría ser hincha de la catalina, que problema
varias pasadas del couplet...en el medio me hago amiga de un morenito de unos 8 años, que alterna los aplausos a la murga con un juego de flechas improvisadas con clavitos que encontró en el piso
"las tiran los indios" me explica, " y te matan" me aclara, porque se ve que no parezco una entendida en el tema
la cosa dura hasta medianoche, y luego de comernos un chori con cerveza junto al mediotanque y saludar a los murguistas que se van al ensayo privado (no creas que nos dejan ver toda la magia), partimos con marcelo y el rayo por las calles de montevideo...
parece mentira la cosa que veo...
valkiria (enero/08)
hoy amaneció nublado.
buen día para hacer empanadas, acompañados por la música de andrés
fuimos temprano a tienda inglesa a comprar todo. hacer empanadas con el rayo quiere decir que yo cocino el relleno mientras él musicaliza, habla por teléfono, chatea un poco. cuando todo está listo, viene y agrega un poco de curry. entonces, alguien se acerca a chusmear que huele tan bien, y el rayo dice “es el curry”
luego, yo armo un par de docenas y él se arrima a armar la tercera con mi ayuda. es el mejor momento, porque ya una primer tanda en el horno perfuma el ambiente y bailamos al son de café tacuba y los cadillacs (si, se puede bailar mientras se cocina, cómo que no?)
en breve, cuando almorcemos, compartiremos los aplausos, así es el rayo... se hace querer
estamos en el fondo, en su casa
desde acá veo la copa del tilo, y el cielo
el tafa merodea inquieto, hace rato que nadie le da bolilla.
el tafa. blanco, mancha marrón en la cabeza, y en la cola. marca perro
simpático como pocos, buenazo...
salvo que le saquen fotos, nada parece molestarlesiempre está dispuesto a jugar, y si estoy leyendo se sienta al lado mío, mirando el libro como si leyera
anoche fuimos al ensayo de la catalina
diferente a la gran muñeca, ellos ya tienen sus seguidores, y el auditorio improvisado en el club estaba lleno
los murguistas demoraron la salida, estaban nerviosos
los aguardaban, además del público, las cámaras de un canal de montevideo, y la consola que grabaría su presentación y su retirada para el disco 2008
se dejaban saludar por algún fan, abrazaban a la familia que vino a acompañar, se sacaban fotos con los amigos
todo sin perder de vista la cámara de vtv, que registraba cada momento
"arrancamos con la presentación, pa´ calentar" dijo un murguista luego de un largo trago de grapamiel, y todos aplaudieron...
(continuará después del almuerzo)
3- "después de las empanadas"
ahora hay sol
las empanadas salieron estupendas, y duraron muchísimo menos que el tiempo que nos llevo prepararlas
el hecho de haberlas preparado mientras bailábamos nos hizo la ilusión de que al comerlas, todos se pondrían a bailar. pero no
tal vez nos faltó poner música durante el almuerzo, quien sabe...
o definitivamente, la danza no puede mezclarse con cebolla y carne picada
vuelvo al ensayo de la catalina
es fácil encontrar un ensayo de murga en montevideo
así como en febrero se encuentran los tambores persiguiendo su sonido por las calles, en enero, los ensayos de murga se encuentran infaliblemente siguiendo el aroma de los choris o las hamburguesas
si uno tiene buen olfato, llega a destino
luego de la primera pasada "pa´calentar" se encendieron las luces del club, y se preparó el camarógrafo
un murguista pidió que aplaudiéramos y gritáramos a mas no poder, pues ellos amaban la espontaneidad
pasaron otra vez la presentación y retirada
sonó notablemente mejor, y bailaron con mucho entusiasmo
algo le pasaba al cameraman, que en lugar de usar un zoom les acercaba tanto la cámara a los murguistas, que debían empañarla con sus bocas entonando
preciosas las dos canciones, la gente aplaude generosamente, y los murguistas agradecen a su público y a los técnicos de vtv, que se retiran, dejando mucho más distendido el ambiente
es asombroso como, con maquillaje y trajes, los murguistas se ven notablemente mayores, en ambos ensayos me sorprendí de la juventud de los integrantes, y me di cuenta de que tal vez nunca había visto un murguista sin maquillaje... o si lo vi, claro, no me di cuenta de que era un murguista
la canción de jaime roos, colombina, vuelve a hacerse presente
es tan claro estando allí, que las muchachas miran diferente a ese flaquito de lentes, que a ese murguista flaquito de lentes cantando
o que el gordito de buzo gastado, se vuelve un galán cuando da los primeros saltos
y el moreno que pasaba desapercibido, toma un brillo inesperado cuando hace los rulos de tambor
el ensayo prosigue, y presentan su couplet, la gente estalla en carcajadas
algunos fanáticos ya se saben las letras y acompañan
el director arenga a los integrantes como si estuvieran en el concurso, y los murguistas cantan como en el teatro de verano.
así, una y otra vez, cada vez mejor, cada vez mas grapamiel, y más chistes fuera de guión, "ese metelo que está bueno"...y nos vamos aprendiendo todos las letras, y ya estoy pensando que podría ser hincha de la catalina, que problema
varias pasadas del couplet...en el medio me hago amiga de un morenito de unos 8 años, que alterna los aplausos a la murga con un juego de flechas improvisadas con clavitos que encontró en el piso
"las tiran los indios" me explica, " y te matan" me aclara, porque se ve que no parezco una entendida en el tema
la cosa dura hasta medianoche, y luego de comernos un chori con cerveza junto al mediotanque y saludar a los murguistas que se van al ensayo privado (no creas que nos dejan ver toda la magia), partimos con marcelo y el rayo por las calles de montevideo...
parece mentira la cosa que veo...
valkiria (enero/08)
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